domingo, 4 de mayo de 2014

Ésta soy yo.

Miro la fotografía del llavero, esa....dónde soy un pequeño conejo sonriendo. Donde mi madre tiene quizá unos 25 años y el cabello corto, y se le ve sonriente también.
Escucho a lo lejos, en un andén perdido en mi memoria la risa contagiosa de una niña, y las palabras que poco a poco van saliendo de su boca.
Justo ahora mismo, mientras suena "Romeo and Juliet" de los Dire Straits escribo estas líneas en mi cama, aún con la pijama puesta, y los dedos desnudos.
Ésta soy yo. La que desde pequeña ama los libros. La que pide y pide y pide, y no se cansa de pedir, pero tampoco de dar. Soy aquella niña callada, que sacaba buenas calificaciones en la primaria, pero nunca supo cómo. Soy la niña del kinder con el cabello de honguito, porque era más fácil peinarla así. La que amaba el betabel con limón que mamá comía cuando esperaba otro bebé.
Daniela a los 13 era solitaria, podía pasar horas en su cuarto oyendo música o escribiendo, pero conservaba una facilidad enorme para relacionarse con otras personas.
Y Daniela fue creciendo, y aprendiendo. Cayéndose y levantándose, y volviéndose a caer.
Ésta, soy yo. La que no obedece las reglas, la sensible, la imprudente, la rebelde, la educada, la culta, la ignorante, la escritora, la dibujante, la cantante....
La que se enamora del amor, pero está encerrada para curarse. La temerosa, y la valiente. La ingenua.
La niña que cierra los ojos al sonreír. La que se maravilla por el sonido del piano, la que ama el arte. La desordenada, la que deja la ropa tirada en el piso, la que hace la tarea el domingo por la noche, la que olvida desmaquillarse antes de dormir, la que no sabe vestirse ni usar tacones, la que no mueve los pies coordinadamente, la que no comprende las matemáticas, la que pregunta cosas sin sentido, la que desespera a los maestros, la que desobedece, la que rompe paradigmas, la que se limpia el sudor en la blusa nueva, la que no usa anillos, la que duerme con su gata, la que escucha, la que interrumpe, la que reflexiona, la que cuestiona todo, la que ama enseñar, la que le gusta la prenumbra en la habitación, la que colecciona libretas.
Es difícil, lo admito... lograr que Daniela a éstas alturas de la herida se pueda abrir con alguien. Que la conozca tal cuál es. Su círculo de amigos es muy reducido pero cuidadosamente elegido por ella.
La verás talvés en un teatro o en un concierto, sola tomando café o con amigos conviviendo, ríendose, adaptándose. Muchos muchachos la verán demasiado aburrida, hasta simple. Otros, alomejor muy complicada y preferirán quedarse al margen.
Tener amigas mujeres es complicadísimo para ella, pero sus dos mejores son sus hermanas.
Ésta soy, yo...la que tiene sueños que pueden parecer inalcanzables, la que se baña con música, la que toma vino y no se lo termina, la alérgica al cigarro, la que puedes comenzar a conocer.
Daniela está cambiando, se vuelve a reencontrar consigo misma después de estar muchos años separada de sí. Necesita a su familia muy cerquita y sentir el calor de las personas que la aprecian. Necesita a los padres que nunca la han cuidado, a los amigos que aún no conoce. Y se prepara, porque dentro de muy poco terminará una etapa de mucho esfuerzo. Mientras emprende caminos nuevos que la llevarán a puertas y escaleras en ascendencia.
Quizá por ahí...ande caminando el hombre que le llenará los días de música y amor. Pero ahora Daniela es suya y busca la paz que traía perdida. Por eso escribe estas líneas.
Ésta soy YO. 

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