sábado, 28 de diciembre de 2013

La escritura y yo.

"Escribir era mi manera de golpear y de abrazar". ¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?"


La mayoría del tiempo solía tener metida la nariz en un libro. En navidad, cuando era más pequeña pedía libros y afortunadamente mi familia comprendió rápidamente que eso me hacía feliz. 
Un día pensé que yo también podría escribir y que con un poco de suerte también alguien me leería. Así que abrí un blog a los doce años en una página web y comencé. Ahí fue donde descubrí que si yo agarraba una pluma y una libreta o me sentaba frente a la computadora y ponía mis deditos en el teclado podían surgir mundos nuevos, solo doce años. Duraba horas y horas frente a la computadora. Me encantaba escribir, aun me encanta escribir. 

Cuando vi el horario escolar de mi quinto semestre en la carrera que estudio y me di cuenta que llevaría una materia llamada "Producción de textos escritos" me sentí en las nubes. ¿Era eso posible?. Casi acabo este semestre y puedo decir que me ha sido muy útil. Me siento como pez en el agua y es que escribir purifica. Las palabras fluyen a través de mis dedos y cuando lo hago en papel es mejor. Me gusta crear. Me gusta imaginar tantas cosas y transportarlas a este lugar, al presente, a una historia, a un poema y que todo se aliene en versos y estrofas. 
Con el correr de los años, y dándome cuenta que debía agrupar los textos que nacían de mi cabeza opté por pedir a mis amigos que en mis cumpleaños me regalaran libretas bonitas donde yo pudiera escribir. Y así fue. En un rincón en mi cuarto descansan seis libretas con mis sueños, con mis pensamientos, con mis poesías, mis cuentos, mis historias, mis anécdotas y canciones que cantaba cuando iba camino a la escuela.  Cada libreta guarda pedazos de mi vida y de mi alma. 
Escribo por placer, escribo por que es una necesidad, es una terapia que me ha transformado el alma como solo la literatura y en concreto las letras pueden hacer. Escribo quizá para escapar de una realidad que no me gusta y porque cuando soy yo la que decide que rumbo tomarán las cosas en un texto me parece que también puedo hacerlo en la vida real. Ahí es cuando pienso: yo podría hacer esto toda mi vida, por puro placer. 
A lo largo de mi corta e insípida carrera como escritora he reunido a varios lectores que aprecian mis letras y me lo han externado, he aprendido también de escritores más talentosos y experimentados que yo y me han devuelto la fe cuando la creía perdida. 
He despertado en mitad de la noche con una nueva idea para alguna novela, he escrito entre clases porque la mente traiciona y no guarda las palabras como si fuera un marsupial bebé en la bolsa de su madre. He dedicado poemas, canciones, cartas, cuentos que han salido de lo más puro que todavía queda en mí.
 Las palabras vuelan y es mejor saltar para agarrarlas en el aire antes de que se esfumen. Cuando uno las tiene en su red entonces las inmortaliza en papel y se hacen eternas y hermosas. 
Me han hablado cientos de veces del proceso de escribir, de ciertas técnicas, de reglas...es por eso que valoro el hecho de que pueda comunicarme a través de lo que escribo, y que en muchísimas ocasiones el mensaje llegue directo y cumpla su cometido. 
Algunas veces, cuando debo escribir por obligación un ensayo y otro tipo de texto las palabras llegan solo cuando encuentro un verdadero motivo de peso para hacerlo.
Las letras son celosas y no te dejan mirar a otro lado cuando bailas con ellas y te permiten crear. 
Adjudico la capacidad de producir textos a la pasión de la lectura. Totalmente. Doy por hecho que seguiré escribiendo por el resto de mis días como método de sanación, actividad de entretenimiento y productor de placer  y que la literatura es el medio directo para llegar a las personas y conquistar su corazón y su mente.



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