Mis dedos hurgan tus llagas,
los dinosaurios de tu remoto pasado aparecen
te toman por sorpresa y te tiran boca abajo.
Eres presa de tu miedo y ahora
los murciélagos del cielo del norte
vuelan sobre tus hombros mientras canto.
Viniste con la espada desenvainada
y regresaste con mil y un rasguños a tu hogar
el que está desencantado desde mi partida
y ahora intentas convertir en morada.
Tu nombre ya no aparece en mi diccionario
eres leña para la hoguera del pasado
pues aun en mis dedos presente
no conseguirás detener la destrucción que te alcanza.
Una vez y dos más me caí,
y desde el suelo te sigo mirando hacia abajo.
Las sombras de tus ojos no son símil de oscuridad,
porque mis dedos hurgan tus llagas
y no las dejarán sanar.
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