martes, 31 de marzo de 2015

Ataque al corazón: pequeña crónica de guerra.

Muchos decían que jamás pasaría.

¿Cómo sobrevivir a un ataque de esa magnitud?
¿y si los misiles utilizados por el oponente daban en el blanco?
¿Y si al toque me volvía débil?

Había visto a muchos caer a mi alrededor. Debía evitarlo a toda costa.

Yo debía estar entrenada, fortalecer mis defensas, ampliar mis barreras.
En pocas palabras, debía frenar la inminente guerra.
Se veía lejano, pero posible. Aunque después de cierto tiempo las armas se volvieron familiares, predecibles y aburridas y entonces la defensa bajó.
Ya las pistolas no hacía ruidos y las granadas no derribaban muros pues el ejército encargado de cuidar el frente estaba bien entrenado. Todo en orden.
Cada cosa en su lugar.
El campo de batalla, desolado, sin rastro de actividad reciente.
De vez en cuando caía alguna bomba queriendo dañar, pero nada que pudiese alarmarme. Meros impactos fortuitos y perecederos.

Estaba tan confiada a mis reservas. Los movimientos de ataque estaban diseñados para no fallar, y los de defensa, para esconderse de cualquier sujeto que pretendiera aniquilar sin previo aviso y entonces me senté a descansar.
El azul del cielo continuaba siendo el mismo. La brisa cambiaba y se volvía más fría. Y fue cuando el invierno llegó. Curiosamente, cuando más frío empezó a hacer, inició todo.
Entonces, lanzaste el primer ataque.
No me había dado cuenta de que sin querer, uno de mis cañones había lanzado hacía tu campamento y decidiste contraatacar, aunque un poco tarde (después de ocho años).
No pasó mucho antes de que intercambiáramos todo tipo de armas pretendiendo asesinarnos a sangre fría, hasta que un día diste justo en donde más frágil estaba y caí: en mis labios pusiste el veneno adecuado para detener por siempre mi respiración.

Este texto es para ti, que derretiste con tu voz aquellas barreras que bloqueaban el paso a un camino de amor. Yo que tenía las defensas preparadas a cualquiera que intentara traspasar el umbral de mi vida y adentrarse en ella, no pude hacer otra cosa que rendirme ante ti y ofrecerte mi corazón a cambio.
Gracias por asesinarme cruel, y fríamente. No sabía que morir de amor por alguien te traía a la vida.







No hay comentarios.:

Publicar un comentario