domingo, 7 de septiembre de 2014

Deseo en el mar.

Me encuentro sentada frente al computador. Me deshago de pulseras y anillos. Hay silencio.

He pensado tanto en qué y en el cómo de las cosas que las he ido postergando. Pero hoy ya no, he preferido verter en letras todo lo que fluye en mí. Dejarme sentir.

 camino por la playa a altas horas de la noche, sólo pensando. Admirando las estrellas y sintiéndome cobijada por la luna y la luz de los faros que alumbran por áreas el lugar.

Siento en los pies esa arena fina que se mete entre mis dedos y luego el agua. Cálida, dulce, sola.
Es una caricia. A veces dudo para voltear hacia arriba. Me impresiona la enormidad del cosmos, y me enamoro más de él.

Cuando era pequeña quise ser muchas cosas. Primero amaba la cultura egipcia. Estudiaba los dioses y las pirámides, pasaba horas leyendo historias que me mantenían encantada y decidí que quería ser egiptóloga. Hasta que mi madre un día me dijo que tendría que mudarme para allá y que  ahí no había playa donde correr. Lo dejé de lado. Después me empezó a emocionar el estudio de la salud. Me encantaba ver documentales de la gestación humana. Me parecía impactante ver el crecimiento de un ser dentro de otro y el proceso era algo que escapaba de mi comprensión.
 Fue entonces cuando pensé: quiero ser ginecóloga.
-Primero debes estudiar medicina. Me dijo alguien cercano. Y desistí por completo, pero no dejé de leer acerca del tema.

Camino un poco más sobre la orilla. He recorrido una gran distancia y me quito la chaqueta. No tengo miedo. Mis pies tocan algo que los raspa y dirijo mi vista al piso: muchas conchitas, pequeñas y blancas adornando la arena. Pienso en él y decido tomar algunas para regalárselas, para tener una excusa que me permita tocar sus manos. Las guardo en mi bolsillo izquierdo del pantalón. Y sigo mi camino.

Tiempo después, al cumplir doce años empecé a trabajar con mi mamá en un programa de televisión que me permitió conocer más sobre la astronomía. Yo estaba fascinada. Me dedicaba  a ver programas sobre los viajes en el tiempo, las estrellas, los multiversos, la teoría de las cuerdas, las galaxias, la vida en otros planetas....Además en ese capítulo de mi existencia conocí el teatro, que en la actualidad es el amor de mi vida. Eso, y las visitas frecuentes a la playa con mi madre para ver la luna llena desde el malecón es lo que me llevó esa noche ahí. Para recordarme quién soy, de donde vengo y qué quiero lograr.

Un artista crea cosas extra ordinarias cuando está felíz, pero cuando está devastado o deprimido puede crear grandísimas obras. Después de querer dedicarme a tantas profesiones tan diferentes y querer ser un hada de la luna lo único que siempre permaneció en mi corazón fue el hábito de leer...y escribir. Y aunque no soy una buena escritora no lo dejo de hacer porque me llena.

Por eso decidí escribir esta tarde sobre mí, y al hacerlo también te puedo tocar, aunque sea con palabras.

Me detuve en la orilla de la playa donde algunas veces estuvimos nosotros. Recordé tu aroma, tus brazos, tu cabello al viento. Esas risas volátiles y la seriedad espontánea. Metí mi mano al bolsillo izquierdo de mi pantalón para recordar que tenía que entregarte algo. Aunque fuese simbólico. Para guardar el momento.

Me vi pequeña frente a la inmensidad de la creación y recordé cuán poderosa era y todo lo que había logrado. Me sentí feliz por unos instantes en el que tu mano me tocó de nuevo pero sólo fue una memoria casi real.  Cerré los ojos y me atreví a pedir un deseo a quien sea que pudiese cumplirlo.

Y pedí el deseo...y en ese deseo estabas tú. O más bien, tu eras el deseo, porque si yo deseo algo realmente es a tí. Lo pedí con fé. No con la fé de los humanos. No con la fé de las mujeres que buscan a su media naranja. No. Yo te imagine lejos y cerca, frío y cálido, multicolor y con una luz amarilla enorme. Puse a mi mando a todas las estrellas que me miraban celosas. Porque yo podía sentir algo que ellas no. Pero la luna estaba radiante porque sabía que yo estaba pensando en tí y eso me hacía brillar. Invite al mar a que se uniera con todo su poder a mi deseo pues soy Cáncer y mi signo es el agua. No el agua que apaga tu fuego, si no el que aviva las llamas de tu ser. Pedí el deseo como una Diosa, y lo dejé en el aire con un grito fuerte y claro mientras las nubes iban corriendo a contarte en sueños. Pero las detuve y les ordené que te dejasen descansar.

Una mano toca mi hombro, me sobresalto. Me recuerdan que debo regresar.

Ahí dejo las imágenes de mi infancia revueltas con arena. Me despido de la niña egiptóloga, de la arquitecta, la psicóloga, la astrónoma, la cantante, la actriz, la bailarina de ballet, la ginecóloga y la escritora y le digo que nos veremos pronto.

Dejo también tu nombre en un murmullo, y aviso al mar que lo visitaremos. La Diosa que pidió su deseo se esconde dentro de mí y vuelvo a ser simplemente yo.
Me alejo bailando y juguetando con el agua que va y viene de mis pies mientras canto una melodía. Miro sin temor al cielo, y trato de encontrarle forma a las nubes que cambian, así como tu humor.

Esta noche será larga, esta noche tomaré la guitarra y te haré una canción. Después regresaré contigo de la mano.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario