domingo, 9 de febrero de 2014
TOCA LA ARMÓNICA
-Rescátame, me siento mal.
-Pídeme que vaya y ahí estaré.
-Rescátame, te he dicho.
-También necesito ser rescatado.
-¿De qué? Tú rescatas, no debes necesitar ser rescatado. Tú lo puedes todo, eres dueño de las letras.
-Te digo que también lo necesito. Si voy a rescatarte deberás hacer lo mismo conmigo.
-De acuerdo. No tardes.
-Te llevaré a la playa, donde podamos caminar y escondernos de las linternas imprudentes que nos acechan.
-No digas a donde vamos, sólo llévame. Tú construyes historias, creas mundos y usas lentes. Confío en tí.
Hemos llegado. El lugar es oscuro, la luz se retira y las sombras acechan pero nada pasa porque voy de su mano. Si él llegase a hablar un mundo de luz se crearía a nuestro al rededor, sólo con su palabra.
-Vamos al faro. No, mejor no, porque no me gusta caminar. Ven, súbete a esta pequeña torre. Los salvavidas no existen de noche.
Y subimos al faro, yo primero y él tras de mí. Admiramos las estrellas que se alzaban imponentes ante nuestros seres minúsculos, riéndose quizá por ser más bellas y altas. Escondimos la luna entre las nubes y las gotas del mar nos salpicaban. Entonces él sacó un cigarro del bolsillo y lo encendió.
-¿Te molesta si fumo? Espero que...
-Sí. me molesta bastante que fumes, pero hazlo, de igual manera sólo vine a que me rescataras.
-Hemos venido a rescatarte de tus padres, de tus amigos, de tu rutina, de tus lágrimas, de tu suciedad, de tu insensatez y de tí misma, porque eres autodestructora y amas el desastre. No lo sabes pero nosotros sí. Así que he venido a rescatarte y he traído algo para tí. Es tuya, y deberás cuidarla como si fuera la daga que cortaría a quien quisiera matarte.
-Pero eso es una armónica, no una daga.
-Sí, pero cuando la tocas, corta todo lo indeseable. Puedes cortar lo que quieras. Mira el horizonte oscuro, ya casi empieza a amanecer, camina conmigo de la mano mientras te muestro lo que el mundo hace de noche. Escondámonos entre las olas. Yo seré tu mentor y tu la perfecta aprendiz que se escapará de mis manos. Pero conserva la armónica. Es azul, tu color favorito. Y tócala para que ella te rescate y no tenga que venir yo siempre.
-Cuidaré de ella. Aunque quizá la pierda porque todo lo que amo se me va.
-No importa, conserva su recuerdo. Y luego escribe sobre mí.
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