Ayer por la noche, cuando la luna abrazaba el cielo oscuro, la idea de que la muerte se acercaba a mi vida se hizo presente.
Tenía un almuerzo importante en el jardín de los futuros reyes después de que recibieran la corona y la idea de bailar con el catrín del palacio también me tenían en vela. Estaba nerviosa y debía evitar las ojeras.
Enseguida llegó el borracho de mi marido y tocaba la puerta con una rama del árbol que estaba en el patio que parecía que tenía el diablo adentro. Cuando le abrí la puerta lo vi casi desnudo, cargando un tambor y desesperada le pedí que entrara rápido porque una rana enorme amenazaba con entrar tras de él. Pero justo en ese momento salió de detrás de un pino una dama que parecía sirena sosteniendo una rosa en la mano.
Enseguida me transporté a un río donde mi marido y yo viajábamos tranquilamente por un río en una chalupa mientras la cubeta donde poníamos el camarón que íbamos pescando descansaba en un rincón de la pequeña lancha.
Un verde entre pistache y militar como el de el nopal inundó mi mente: era el fin del sueño. Me había tomado media botella de tequila mientras esperaba quedarme dormida y desperté con media hora de retraso para asistir al almuerzo real.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario