Y mientras escuchaba del otro lado de la sala a los personajes de la novela de mi abuela llorar, yo, encerrada en el baño también lloraba y lloraba.
¿Que porqué lloraba? El cuento aquel hablaba sobre una mujer de avanzada edad que hurgaba en la basura para comer. Su piel estaba arrugadita y colgada y su cabello estaba lleno de canas. Por las noches pasaba frío y se cubría con papel periódico. Sus hijos eran ya profesionistas, habían formado sus familias y se habpian marchado, nadie la atendía. Entonces, me imaginaba la escena y me inundaba de tristeza y coraje.
Hoy, recuerdo con perfección cómo imaginaba aquella escena y me da por pensar que aunque la relación con mi madre no es la mejor, que aunque no tengamos comunicación y que aunque no viva con ella, aunque me sienta herida y lastimada, nunca la dejaré sola. Nunca permitiré que pase hambre, frío o enfermedad. Porque aunque tengamos ideas muy diferentes de pensar, y yo haya elegido seguir mi propio camino lejos de su hogar, la amo con toda el alma.
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