miércoles, 20 de marzo de 2013

Filósofo de autobús

Salgo de mi casa. Cielo oscuro. Camino hacia la parada (algunas veces corro si escucho cerca el motor),  subo, pago el pasaje (que ya es sumamente caro) y busco un lugar siempre cerca de la ventana.

Los transportes públicos me encantan.  Te ofrecen un sinfin de posibilidades para distraerte, son fuentes de investigacion donde puedes observar a la gente,leerles los labios mientras hablan por telefono, escuchar todo tipo de conversaciones,  inventarte historias sobre sus vidas, oir con atención la música del conductor (que casi siempre es pésima) o simplemente perder la vista en el camino e irte volando con la cabeza.

Debo admitir, mi parte favorita es cuando me pongo a pensar, y pareciera que hay cosas que sólo corren por mi mente cuando estoy sentada en un autobús. Como si esos pensamientos detectaran inmediatamente el ruido del motor del coche, y salieran tímidamente de sus escondites. Así me sucede.

El autobús es el lugar perfecto para reflexionar, para observar y analizar, para investigar y filosofar, y es también uno de los mejores lugares para dormirse.

Miles de pensamientos pasan por mi cabeza desde que mi recorrido inicia. La escuela, el trabajo, el teatro, la música, el ballet, mis libros, mi familia, mis hermanas, mi amor, mis pendientes, mis letras, mis anhelos, mis sueños...todo eso, sin orden alguno. Corriendo como caballos despotrados, como gacelas persiguiendo a su víctima. Aparecen imágenes borrosas y se van. Luego pongo atención al camino y me doy cuenta un poco desanimada que ya casi llego a mi destino, y que tendré que parar por unas horas ese viaje mental.

Miro a los lados y me percato de que casi no hay gente en el bus. Me pregunto a que hora se bajaron todos.
Es mi turno. Tomo mis cosas y le pido al señor que me deje en la esquina. Parte de mí se ha quedado en ese asiento que en unos minutos será lejano y que después otro compartirá.

Me levanto, bajo los escalones y llego al piso. Es justo cuando afirmo que el autobús es el mejor lugar para filosofar.

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